Jardín de las Flores

Jardín de las Flores
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Este nombre proviene de la reordenación de Felipe II del antiguo corral de la leña, o de los puercos, que se realiza en 1575. En 1584 se plantan 174 naranjos y limoneros, y desde 1588 se denominará de las Flores. Como expongo en el Estudio, debió ser, por tanto, "Jardín de las Flores... de Azahar". La floración de 174 naranjos, (posibilidad de plantación que ha sido comprobada) sería espectacular y en espacio tan reducido un verdadero pomo de perfume. Felipe II está conceptuado como "rey antófilo", en la Isla de Aranjuez tenía fábrica de quinta esencias de las flores del jardín, el Jardín de los Frailes de El Escorial se hizo con 68 especies florales, para la botica y para los ramilletes que el Rey gustaba tener en los bufetes de las habitaciones.

La alberca de este jardín, de 1561, es un elemento extraordinario con cerámicas que deben ser restauradas, así como recompuesto su grutesco. El gran nicho central existente era una gruta de caracoles, corales, vidrios de colores y agua. Se propone su recuperación completa. La plantación existente es absolutamente destructora de su historia y de sus proporciones. Las flores de su plantación original, la alberca, la gruta con sus burlas de agua, aún pueden verse sus orificios de salida, es una restauración de un efecto estético deslumbrador, con toda la eseidad de lo hispánico. Otra esencia que no sea ésta es una afrenta para el arte de España. En este jardín hay un elemento compositivo extraordinario, también único de España, que continúa por gran parte del jardín, es el "empañado" de los muros con naranjos, cubriéndolos, y guardando un volúmen mediante recorte de topiario, convirtiendo los jardines "cerrados" por el tratamiento de las tapias, en cuartos de muros verdes abiertos al cielo, únicos en el mundo. Felizmente se vienen recuperando y es visible el cambio positivo desde hace algunos años. Esa es la buena directriz de la estética de los jardines de España y no la incongruente presencia, abusiva volumétricamente e incomprensible históricamente, de un Ficus elástica inadecuadamente dominador.

Jardín de la Galera

Las galeras en disposición de batalla que componían este jardín se veían desde la galería balconada que sale del Salón de Embajadores. Su mínimo espacio estaba compuesto a modo de escenario para contemplar como los navíos de arrayán se "cañoneaban" con chorros de agua.

Aunque se ha hecho mención anteriormente de estas esculturas verdes, el componente más singular del jardín del R.A., presentes en Príncipe, Troya, Damas, Laberinto, y Danza, con diferentes formas, tamaño, y simbología, viene ahora la explicación válida para todos ellos, de lo que puede ser llamado "topiario a la española".

Las esculturas de embarcaciones, formas humanas, y animales, que poblaban estos jardines, se hacían según consta en los archivos, con el concurso de carpinteros que armaban estructuras o andamios de madera que se recubrían de ramillos de mirto por los jardineros, que les iban dando la forma adecuada. Pasado el tiempo estos ramillos perdían color, lo que consistía una de las actividades habituales en el R.A., rehacer el maderamen, reponer las faltas del mirto y "dar de verde", periódicamente a todo el resto. Es este un gran descubrimiento, una acción repetida numerosas veces en los legajos, que demuestra que las esculturas de verde no siempre se realizaban en el sitio sobre planta viva, a fuerza de años y una difícil artesanía, sino con su andamiaje en el sitio elegido, al tamaño deseado, y compuestos con habilidad por, tracistas, carpinteros, jardineros, pintores y escultores, con la ventaja de tener en un tiempo reducido las "esculturas." No debe extrañar la intervención de otros oficios que ahora parecen ajenos al arte y a la técnica paisajista. Antaño los carpinteros tenían una importante participación en la realización de los jardines. En Francia, en la Edad Media, la insignia de los jardineros eran dos hachas cruzadas.

Es posible que esta técnica sorprenda en estos tiempos en que el jardín tiene para muchos, una casi exclusiva valoración de espacio y elementos preferentemente botánicos, y consideración de "naturaleza". Sin detenerme a replicar lo inadecuado de limitar la identificación de naturaleza a las plantas, lo que ahora importa, es recordar que el jardín es arte, por lo tanto artificio, lo que en los siglos anteriores estaba bien entendido. Los jardines manieristas y barrocos son conceptualmente, como siempre, espacios "antinaturales", cuanto más en el XVII que eran pura escenografía teatral

En relación a las galeras, la investigación me llevó al Museo Naval, para tomar nota de las formas exactas de las galeras del XVI y XVII, para su reproducción a tamaño correspondiente, en los emplazamientos documentados, y los detalles constructivos obtenidos en el museo, que figuran en la Propuesta entregada en mayo de 1998. Encontrar una técnica sostenible me obligó a buscar el sistema para mantener esas esculturas en el siglo XXI, que serán reproducidas en las formas y tamaño necesarios, en arte topiario sobre materia viva, en mirto, aplicando un sistema específico posible en la actualidad, ideado en colaboración con el paisajista Pedro Alajarín de Madrid. Como propuestas para las caras y las manos hechas de madera y de cerámica, figuran en la Propuesta los dibujos realizados por el escultor Salvador Palao, profesor en la Escuela de Artes y Oficios de Sevilla.

En la indispensable labor de campo anteriormente aludida, es mi costumbre pasar y repasar por todos los sitios del jardín. Hay que "trillar" el espacio y sus aledaños, mirar largamente los sitios para que se establezca la comunicación y que no pasen desapercibidos posibles hallazgos. Tuve la alegría de encontrarme, en abril 1997, con dos esculturas pétreas en forma de mascarón de proa, colocadas en el "Jardín Inglés", como meros adornos sobre pedestales. El Director del R.A. y la misma historiadora, se sorprendieron por no haber reparado en esas piezas ni conocer su anterior situación, o procedencia. En mi modesta opinión y así se lo comuniqué a ambos, son las piezas que complementarían las galeras y navíos de arrayán, para terminar la ilusión de artificiosa realidad. Por lo que así están incluidas en los dibujos de 1997 de mi Propuesta, como parte de las embarcaciones.

El arte topiario, de raíz griega (pintores de paisajes, en murales), pasa a romano, con la diferente técnica de componer "paisajes" mediante el recorte de plantas vivas. Ese complejo arte tuvo su máximo esplendor en el Renacimiento, en el que se recortaban, ignoramos si con técnicas no transmitidas, multitud de formas figurativas y abstractas, que se mantienen hoy en sus más elementales expresiones volumétricas, paralepípedos, esferas, cubos, y conos, cada forma geométrica con su específico significado simbólico, nunca fortuito.

Las descripciones de galeras con cañones y gallardetes, son de una complejidad difícil de conseguir en poco tiempo, las figuras de personajes mitológicos, dioses, ninfas, sátiros, etc., nombrados en legajos y descripciones antiguas, se completaban con caras y manos de madera policromada, o de cerámica, de las que se han encontrado muestras en catas en el jardín

Estos personajes eran los que poblaban los jardines del R.A., más allá del número, tamaño, y expresividad, de las estatuas de mármol, bronce o barro que había, de las que también quedan pocas. Su recuperación, con técnica actualizada, dotaría en poco tiempo al jardín del R.A. de una estatuaria documentalmente conocida como únicamente suya, esto sería un nuevo elemento de diferenciación, un gran paso para la restauración de la unicidad de un jardín de España, un singular jardín universal. Los posibles temores de que las formas de estas figuras no serían rigurosamente "históricas", si no hubiesen desaparecido, a lo largo del tiempo con los innumerables recortes y retoques, las figuras también habrían ido cambiando de su aspecto inicial...


Jardín de las Damas

Jardín de la Damas
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La documentación gráfica conseguida de este jardín es importante, en comparación, su estado actual es el resultado de una plantación de la segunda mitad del siglo XIX, iniciada por el Duque de Montpensier, fascinado por la tendencia romántico-exótico orientalista, con intervención de la interpretación naturalista del paisajismo inglés, sobre una estructura sutilmente regular como entramado de la expresión animista y de imágenes del refinado trasfondo de la ilusión. Donde mezcló, la palmera datilera, oriental, con la magnolia grandiflora, norteamericana, que fue el principio casi imparable de la degradación conceptual, histórica y formal, del jardín del R.A.

La desaparición de las "damas" que dieron nombre a este jardín, y otros elementos, es una de las pérdidas más lesivas que ha sufrido el jardín de los Austria. El estudio de los datos de la documentación, el conocimiento de la historia de los jardines, de su simbología, y otros componentes que intervienen en el logro de un jardín, llevan a la conclusión de que las damas que denominan esta creación gloriosa de Resta, del que tan poco se habla fuera de algunos expertos, muy poco fuera de Sevilla, y nada fuera de España, cuando es uno de los genios de la arquitectura del paisaje mundial, las damas, componían la fuente de la Fama, que se encuentra adosada a la Galería del Grutesco.

Las figuras alegóricas del Juicio de París, hijo del rey de Troya, de Mercurio su inductor, no el protector del comercio o de los ladrones, sino el transmisor de los designios de los dioses, más tres diosas y una reina, grandes "damas" de la historia y de las creencias griegas.

Hera, diosa máxima del Olimpo, esposa de Zeus, Atenea, diosa de la inteligencia, y Afrodita diosa de la belleza, y su premio, al ser la elegida, la entrega a Paris de la mujer más bella, Helena, esposa de Menelao, rey de Micenas, y causa de la guerra de Troya.

El jardín compartimentado de antiguo en ocho cuarteles, tuvo en cuatro de ellos escudos de los reyes de España, realizados con plantas de los colores que manda la heráldica, que en su época causaron admiración, y tenían que ser vistos desde lo alto del ándito superior sobre el muro que limita los jardines de Felipe II, y desde los balcones del Grutesco.

Así se va conjugando el relato de este jardín, el rapto en "Galera", la guerra de "Troya", la búsqueda, la desesperación de las pruebas del "Laberinto", la catársis por el arte en el "Parnaso", la purificación por la gracia del agua, la "Fama" alcanzada, la alegría del triunfo, la "Danza", y acceder por medio de "Mercurio" a un mundo superior.

Todo el jardín de los Austria cobra sentido, sus nombres son la clave alquímica con la que se puede "entrar" en el jardín, no en su espacio físico sino en el anímico. En el profundo, insondable sentido que hay en todo jardín, de donde surge la belleza a la que sucumbimos, de donde parte la emoción que nos embarga.

El jardín de las Damas, sin órgano en la Fuente de la Fama, que repetía el canto de los pájaros, para lo que envió Felipe IV a Cosme Lotti, antes de hacer El Buen Retiro de Madrid, tiene que volver a resonar, ¡la fama nunca es callada!. Sin sus estatuas, sin el color de enramadas y marmolados en sus muros y puertas, sin las damas, sin los escudos, sin las grutas irisadas, cromáticas, susurrantes, donde bullía el misterio de la vida, sin los jarrones con flores de latón pintado que coronaban sus portadas, sin los gigantes de arrayán, es un tristísimo espacio desposeído, enmascarado con palmeras. Sólo le queda el empañado de naranjos en las paredes y los saltadores de agua, seguramente restaurados, que contados personalmente uno a uno, casi alcanzan la cifra de 1.000. Su visión de apertura progresiva, contemplada desde la Galería del Grutesco, podría ser una de los espectáculos de mayor belleza ofrecidos en un jardín.

La acertada apertura al público de la Galería de los Grutescos, ha recuperado una visión específica que se debe al talento paisajista de Resta. Sobre el muro del rey Pedro I, con su directriz oblícua y luego quebrada, permite ver el jardín desde otra altura, como si se sobrevolase, aunque hoy lo que avistamos son las copas de las palmeras, y no los escudos, las damas o los mil chorrillos, y todo desde enfoques visuales direccionalmente distintos a medida que se progresa por la galería, y se cierra y abre cadenciosamente la percepción desde sus huecos, o se niega por su conducto cueviforme. En el siglo XVII, a esto se incorporaba el paisaje fluvial, la visión de las arboladuras y el velamen de las embarcaciones ancladas en el cercano río.

Jardín del Laberinto

La supresión de este laberinto a principios del siglo XX ha sido una innecesaria y penosa agresión. Para el mensaje del conjunto de los Austria es imprescindible la existencia del Laberinto, como fue, y donde estuvo, que completó su ideario a propuesta de Felipe IV.

Un laberinto no es un espacio lúdico, es un trayecto de búsqueda, un camino iniciático, de peregrinación, de pruebas, de peligro, de incertidumbre, y de ceremonias. Es un camino del alma, plagado de tribulaciones, tentaciones, fracasos, hasta alcanzar la gracia.

El antiguo Laberinto estaba centrado por un estanque con isla y un monte horadado, con Apolo, las Nueve Musas y Pegaso, que es el Parnaso. La palabra laberinto proviene del hacha de dos filos o labrys, que sugiere dos caminos, y de la palabra labra o caverna con galerías. Un monte con galerías fue la primitiva forma de laberinto, y en la antigüedad Troya, era igualmente sinónimo de laberinto. Una noticia de Gestoso dice que el Laberinto tenía figuras colosales de madera vestidas de arrayán, con grifos, y otros animales fantásticos, sujetos a las armaduras de los setos que originalmente fueron de naranjos, único en el mundo.


Jardín de la Danza

Jardín de la Danza
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En él nada indica que allí hubo un cortejo de figuras trabajadas en "topiario a la española", los danzantes, más las figuras en plomo de un sileno y una ménade, que aluden al cortejo de Dionisos-Baco, sobre columnas de piedra. Este pequeño espacio del Jardín de la Danza, es el más sugerente, el que debió ser más bello. Contar con un corro de grandes figuras, esculpidas en verde con movimiento de danza, como danza Neptuno en el próximo jardín, recuperar las figuras de plomo, y no, la sustitución qué de su mensaje y de las figuras que lo transmitían se ha producido, donde en plantas hay de todo, mezclado sin criterio, sin historia, sin belleza. Los magnolios que en fotos del XIX, aparecen recién plantados como pequeños arbustos, hasta romper toda proporción y toda autenticidad, son inadecuados en todos los conceptos, han desbaratado las columnas y sus ocupantes. Pensar que todo estaba compuesto siguiendo el ideario que enlaza con el resto de los jardines de los Austria. Las figuras de las ménades, ninfas de los valles ¿No está Sevilla en uno? que tenían la misión de "hilar" el fluído vital, el agua, el hilo de la vida, del que era representante Mercurio, la energía vital, el llamado fluído mercurial, gracias al cual se desarrolla la vegetación. Según el código alquimista el símbolo de la vida vegetal y animal, aludía a los faunos, a Príapo y a Mercurio, que está próximo a recibirlo y a donarlo. La cercanía de Mercurio en el estanque que recibe el agua caída del cielo, es la culminación del discurso que se desarrolla por el jardín. Mercurio dios al que se llega una vez liberado, después de las pruebas, por la sabiduría adquirida, y con su ayuda se asciende a un universo superior

Jardín del Cenador

Jardín del Cenador de la Alcoba
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El Emperador Carlos V eligió a buena distancia del Alcázar, en medio del huerto de naranjos, cuando no había jardines, que se hiciera un pabellón de descanso, en el bosque umbrío y oloroso del naranjal.

Se sabe que había tres pabellones en ese espacio, el del León, empeño de Felipe IV, también de singular belleza, donde se derrama el agua desde las fauces de un león sedente, en un vaso circular dentro del agua de la alberca rectangular, cabe preguntarse si esta disposición es apreciada en toda su hermosa gracia. El tercero era de corte clásico, y ya no está. Tampoco está el bosque de naranjos, que es fundamental recuperar, consagrando como monumentos los ejemplares datados con siglos de vida. Quedan vestigios claros de la existencia, en este lugar, de una noria, está cubierto el pozo de donde se obtenía el agua de riego que se almacenaba en la alberca del León, la rampa, y el redondel donde giraba el animal que movía la rueda con los cangilones que vertían el agua en la cacera conductora. Se propone la recuperación de todos estos componentes, como elemento enriquecedor de nuestra historia y nuestra estética de jardines. Al espacio del Cenador se le incorporaría el sentido del agua dinámica y sonora, con elementos constitutivos de los jardines medievales, y el naranjal lo era.

Jardín del Crucero

Jardín del Crucero
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Este jardín cubre otro hispano-islámico, de carácter rehundido, con alberca longitudinal en una de las líneas de su crucero, que se mantiene subterránea. Si bien la restauración ideal sería la integral de recuperar el jardín rehundido, que tan bien refunde la tradición romana de peristilos rehundidos con la división cruciforme de los "paraideza", jardines de origen persa sasanida, que la cultura islámica transmitió desde el Ebro hasta el Ganges, unión múltiple que sólo se produjo en la península ibérica. Se propone, como alternativa, la regularización de la plantación, y debido a ser la antesala del Salón Gótico, la incorporación de elementos de topiario y cerámica, inspirados en figuras representadas en cerámicas sevillanas de los siglos XVI y XVII.

Una de las actuaciones importantes que deben acometerse es la recuperación del colorido propio del jardín, las pinturas de jaspes, enramadas, fábulas, darán una "luz" diferente a la tan pobremente representada por blanco, ocre, y siena, en superficies planas y reiterativas. La estética del jardín manierista, el trasfondo alquimista, requiere un cromatismo exultante. El jardín en España y mucho más en zonas de clima caluroso y no sobrado de agua, se vale de colocaciones por pinturas en paredes, y por las variaciones aromáticas de los azulejos, que unidos a la luz intensa y al agua que espejea, producen envidiables efectos. Recuperar lo nuestro, lo único, sin que primen los criterios foráneos de uno o dos siglos atrás, cuando se trata de jardines de 1.000 años unos, y otros, de 500, de una tradición y estética que nos es propia. Recuperar los jardines del R.A. también desde la botánica histórica, con plantas de uso hasta el XVII, para la parte tratada, de las que se ha dado un listado en el Estudio presentado, no caer en las plantas de apariencia "andaluza", que no responde a nada cierto, e intensificar las plantas de uso secular conocido en los jardines reales, en lo que el R.A. puede ser ejemplo como concepto de restauración en la búsqueda de lo verdadero, que como dijo Platón, es lo bello y lo sabio.

En el siglo XX se acometieron restauraciones de jardines históricos que se estaban perdiendo como patrimonio de la humanidad, y de la memoria de los pueblos. Es una nueva actitud frente a las generaciones que seguirán, un trabajo que bajo un mando de gobierno, prepara un grupo de especialistas, y una información pública para su entendimiento.

Agradezco esta oportunidad de ir comunicando una idea general y explicativa de esta restauración. He intentado hacerlo de manera fluida, de forma ajena a mi costumbre por utilizar la primera persona en la redacción, para que la responsabilidad de lo expuesto sea personal. No me parecía oportuno un escrito lleno de datos, fechas, citas y notas, he preferido una presentación que transmitiese la necesidad de recuperar algo bello, histórico y nuestro. El Estudio entregado tiene una justificación histórica, que creo es seria y detallada, y la Propuesta sigue esas referencias, así como algunas posibilidades de actuación analógica cuando la carencia de datos precisos sobre un determinado punto no debería causar un vacío, en la recuperación del "ambiente" vital, del "aire" de época, que piden los jardines malheridos. No me atrevería a escribir con esta aparente sencillez, si no estuviera segura de que la Propuesta está respaldada por una comprobada documentación y bibliografía, y que el trabajo realizado es la visión de una arquitecto paisajista, estudiosa de jardines históricos.

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